¿Cómo el miedo nos mantiene con vida?

Es importante conocer cómo el cerebro responde al miedo y cómo está diseñado para enfrentar temores. A pesar que existen personas que hacen todo lo posible para evitar situaciones atemorizantes, también hay muchas personas que ven películas de miedo, leen novelas o van a casas embrujadas, y esto se debe a que una dosis saludable de miedo puede ayudarnos a mantenernos con vida.

La respuesta del cerebro hacia el miedo es una reacción muy poderosa. El temor es el sistema de alarma que utiliza el cerebro, el cual entra en acción debido a los movimientos y sonidos repentinos, y en general por cualquier cosa que pueda amenazar a la seguridad o la supervivencia.

El Dr. Kamran Fallahpour, experto en los efectos psicológicos del temor, asegura que el cerebro detecta a las amenazas mucho más rápido que otros estímulos ya que representan peligros que vienen arraigados desde nuestros ancestros. El cerebro evolucionó para reconocer el peligro porque desde un punto de vista evolutivo ayudaría a nuestra supervivencia.

La amígdala, una sección ubicada en el cerebro, controla constantemente los estímulos que los sentidos envían en busca de señales de peligro. Cualquier imagen o sonido que se perciba como amenaza activa la amígdala y pone al cerebro en modo de supervivencia. Por ejemplo, la música es un estímulo poderoso que puede hacer que algo agradable se vuelva amenazante. Sin embargo, no cualquier sonido puede disparar una respuesta de temor en el cerebro; por lo general los sonidos agudos que casi imitan el llanto de un bebé activan esta alarma y generan una reacción muy intensa, y esto se da ya que estamos conectados a responder acerca del peligro sobre los niños ya que representaría una amenaza para la especie.

El temor se produce básicamente por una interacción entre imágenes y sonidos atemorizantes y que representan una amenaza. Pero si hablamos de una sensación larga e interminable de intranquilidad, entonces hablamos de pavor. Estudios demuestran que la mayoría de personas eligen una solución rápida en lugar de estar expuestos a la incertidumbre durante un largo tiempo. Es por eso que el costo y la presión de esperar que suceda algo malo tiene un efecto extremadamente negativo sobre el cerebro, quizás más que la situación en sí.

Existen muchos momentos en la vida diaria donde las personas pueden experimentar pavor, y estos estímulos son capaces de disparar esta repuesta biológica de temor. Cuando el temor o las emociones intensas se activan a nivel consciente o subconsciente, la amígdala hace que la memoria esté en un nivel de consciencia superior, ya que aquí se desarrolla el centro de procesamiento del temor y las emociones del cerebro. En estas situaciones el tiempo parece pasar más despacio y el cerebro actúa como una cámara que graba cada detalle.

Estos tipos de recuerdos se conocen como recuerdos flash y nuestra memoria se vuelve más fuerte durante una situación aterradora ya que nuestro cerebro no solo trata de ayudarnos a pasar el momento sino que también trata de crear un catálogo de pistas dentro del evento de las que tiene que estar pendiente en el futuro. Si el cerebro puede predecir que algo malo sucederá antes de que realmente suceda, entonces puede ayudarnos a sobrevivir.

Además del temor y pavor, hay una tercera respuesta que nuestro cerebro puede tener ante los estímulos y es la ansiedad. La ansiedad puede ocurrir cuando no podemos confirmar si una amenaza es falsa o verdadera, y la imaginación comienza a recorrer los peores escenarios.

Cuando la amígdala hace sonar la alarma del temor, el cerebro envía una descarga de adrenalina y desvía la sangre a los músculos para lograr alimentar lo que se conocer como respuesta de lucha o huida, pero también existe una tercera reacción que es paralizarse.

Se podría llegar a creer que el paralizarse es malo ya que se puede considerar un incapacidad de reacción al peligro, pero en realidad es una técnica biológica y un mecanismo de supervivencia  utilizado por muchas especies que ayuda a pasar desapercibidos antes los depredadores.

En la actualidad, el cerebro continúa operando en el supuesto incorrecto de que cada situación de temor que se enfrenta es cuestión de vida o muerte. Como resultado, el cerebro tiende a sobre reaccionar a situaciones que no son críticas y genera la experiencia de una ansiedad excesiva. Por lo tanto la próxima vez debemos preguntarnos si se estamos verdaderamente en peligro o todo está en la mente.

En general, el temor nos ayuda a mantenernos despiertos y alertas, y además nos hace pensar en mejores formas de actuar y buscar soluciones para tener una vida menos atemorizante y mejorar nuestra calidad de vida.

Basado en “Brain Games”  de National Geographic

Imagen de pixabay.com

 

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